Anatomía de un (no) museo fallero

Son museos las instituciones de carácter permanente, abiertas al público, sin ánimo de lucro, orientadas al interés general, que reúnen, adquieren, ordenan, conservan, estudian, difunden y exhiben de forma científica, didáctica y estética, con fines de investigación, disfrute y promoción científica y cultural, conjuntos y colecciones de bienes de valor cultural.
Son funciones de los museos: la conservación, catalogación, restauración y exhibición ordenada de las colecciones; la investigación en el ámbito de sus colecciones o de su especialidad; la organización periódica de exposiciones científicas y divulgativas, acordes con la naturaleza del museo; la elaboración y publicación de catálogos y monografías de sus fondos; el desarrollo de una actividad didáctica respecto a sus contenidos; y cualquier otra función que en sus normas estatutarias o por disposición legal o reglamentaria se les encomiende.
Los museos, necesariamente, han de reunir los siguientes requisitos: instalaciones permanentes, suficientes y adecuadas, según el parecer de la Dirección General de Patrimonio Cultural pertinente; un técnico superior a su cargo; inventario y libro de registro, según modelos oficialmente establecidos; horario de apertura al público no inferior a quince horas semanales; presupuesto que garantice un funcionamiento mínimo; y el envío a la Dirección General de Patrimonio Cultural pertinente, con la periodicidad que reglamentariamente se determine, de resúmenes estadísticos de visitas al museo.
Son colecciones museográficas permanentes aquellas que reúnen bienes de valor histórico, artístico, científico y técnico, o de cualquier naturaleza cultural, que por lo reducido de sus fondos, escasez de recursos y falta de técnico no pueden cumplir las condiciones mínimas para desarrollar la función cultural encomendada a los museos. Deben reunir estos requisitos: instalaciones estables, suficientes y adecuadas; inventario, según modelo oficialmente establecido; y ser visitables al público al menos un día a la semana.
Además, esta institución debe sufrir una mutación necesaria para alcanzar los principios de la Nueva Museología: el nuevo paradigma que entiende estas instituciones como centros culturales vivos y como puntos de encuentro de la comunidad, en contrapartida al museo elitista, autoritario y de puertas cerradas.
Por historia, las fallas de Sagunto podrían disponer de su museo o de su colección permanente. Hagamos un poco de memoria. La primera falla en nuestra ciudad se plantó en 1927 en el núcleo nuevo y en 1932 en el núcleo viejo, junto a otras ciudades como Xàtiva (1865), Sueca (1876), Gandia (1885), Alzira (1907), Castelló (1921), Zaragoza (1920) y otros pueblos de la provincia (1927), y en París y América (1932).
Sagunto no podía estar ausente de estas manifestaciones y del culto a la belleza, el color y el fuego. En 1931 Vicente Andrés Cerveró propuso a la Sociedad Vitivinícola organizar las fiestas falleras, y así nacieron las fiestas en Sagunto, de manera ordenada.
En Sagunto las fallas comenzaron en 1927, cuando un grupo de falleros montó en una calle del Port, calle del Poeta Llombart, la primera falla, dedicada al hierro, representada por un coloso dominador sobre el cuerno de la abundancia, del que sobresalían los productos minerales; aludía también a la gestión municipal y a las dos empresas de coches que se disputaban a los viajeros. Los componentes de la primera comisión fueron: Bautista López, Antonio Blasco, Ángel Gabarda, Francisco Cervantes, Vicente Rams, Ángel Xirivella y Antoni Pérez, entre otros.
En 1932 se plantó la primera falla en Sagunto-Ciudad. El monumento se construyó en unos talleres del Port, y fue obra de los artistas Antoni Blasco y Francisco Fernández. La falla estaba compuesta por un avión que representaba la recién instaurada República, junto a otros motivos como la agricultura, la historia, el comercio y la industria.
En aquel 1932 se indultaron los primeros ninots, varios, todos ellos dedicados al mundo del trabajo, que fueron entregados y regalados al entonces alcalde de la ciudad, Juan Chabret Bru. Desde las primeras fallas saguntinas, desde aquellos tímidos intentos de iniciar las fiestas josefinas en nuestra comarca, se ha producido una importante cantidad de objetos —ninots indultados, medallas, publicaciones, fotografías, insignias, etc.— que han sido guardados, sin orden ni concierto, en los propios «casals» de las comisiones que los producían, llegando en muchas ocasiones a su destrucción o pérdida.
Pero no es hasta 1971 cuando la fiesta se articula de manera ordenada con un reglamento fallero y con una entidad como la Junta Fallera de Sagunto que coordine todas las actividades y acciones de las fallas. La junta fallera comenzó su camino en el ejercicio 1923. Luis Cuadau compartió la presidencia con Ricardo Almenar cuando el censo fallero rondaba los 600 inscritos. Las fallas participantes eran El Ravalet, La Victoria y la Marina, y las infantiles del Ravalet, Palmereta, Victoria, Mártirs y Remei.
Entre las novedades aportadas por la propia junta, hay que destacar el acto de la Crida, realizada por primera vez en 1974 a cargo del primer teniente de alcalde, Rafael Escrig. El nombramiento de la fallera mayor y la infantil ha conseguido, con el paso del tiempo, carta de naturaleza en la semana fallera de Sagunto y el Camp de Morvedre (cabe destacar que la junta fallera de Sagunto es la única de carácter comarcal en todo el territorio valenciano).
En 1972 la Junta Fallera organizó diversos actos: la entrega de premios y las visitas de cortesía de las comisiones falleras, que en 1973 eran nueve y siete infantiles. En el ejercicio 1974-1975 la presidencia pasa a Juan Antonio Llorens y se introducen muchos cambios. Con un censo de 1000 falleros y once fallas (siete infantiles) se crea el emblema de la Junta. Al ya apretado programa se incorporó la presentación de las falleras mayores en el parque Victoria del Port de Sagunt, y la cabalgata fallera en la ciudad.
El siguiente ejercicio también fue de cambio: se aportaron novedades como la «nit d'albaes» en ambos núcleos de población, las competiciones deportivas, la exposición del «ninot indultat», la mascletà municipal y la ofrenda de flores. Se suprimieron los nombramientos de «Dama del Foc», de la «Poesía» y de la «Flor». Con un censo de 1200 falleros se crean los estandartes falleros y se impone la vestimenta fallera.
En 1977, siguiendo con la historia, el Ayuntamiento cede a la Junta Fallera de Sagunto unos locales en la plaza de la Trinitat, que antes habían sido de la desaparecida emisora del Movimiento, «La Voz de Sagunto», para sede social. De ahí se pasó a la Casa de Cultura «Capellà Pallarés», propiedad de la Caja de Ahorros y Socorro de Sagunto, posteriormente ocupó una planta del edificio que albergaba la Fundació Municipal de Cultura en la subida al Castillo, y finalmente consigue su sede definitiva en el barrio de Baladre.
Llegado este momento, en el ánimo de muchos falleros se albergaba la ilusión de que la nueva sede de la Junta fuera un museo en el que se reunieran aquellos materiales producidos por las propias comisiones y que eran muestra de su devenir histórico. Materiales que en el futuro podrían pasar a formar parte de la historia de nuestra comarca. Hoy, el (no) museo fallero para algunos es una realidad. El edificio destinado a guardar y mostrar a los interesados los materiales producidos por las fallas, y al mismo tiempo sede social de la Junta Fallera, se ubica en el barrio de Baladre, amplio edificio cedido por el Instituto Nacional de la Vivienda y con el patrocinio del Ayuntamiento de Sagunto.
Conocida ya la historia, podemos afirmar que el museo fallero de Sagunto (según reza en la puerta de la sede de la Federación Junta Fallera de Sagunto) debería contar con 70 ninots, la mitad infantiles y la mitad mayores, las fotos de 35 falleras mayores y 35 falleras mayores infantiles, las fotos de todas las fallas plantadas en estos 35 años, las fotos de las 70 comisiones de honor de la Junta Fallera de Sagunto, las fotografías de todos los premios entregados —cabalgata, playbacks, teatro—; como un museo etnológico que se precie, también podría tener una evolución de la fiesta en Sagunto y comarca, así como de la indumentaria empleada para tal efecto. Igual sería darle otra vuelta, pero sería interesante tener material audiovisual de todo lo que ha rodeado a la fiesta fallera, o por ejemplo el listado e intervenciones de los mantenedores de las Falleras Mayores de la Comarca.
Todo ello catalogado de tal manera que cualquier persona que quiera consultar, que quiera saber cualquier cosa relacionada con las fiestas falleras en Sagunto, pueda verlo, descubrirlo, leerlo de una manera fácil y sencilla.
Después de toda esta utopía, vamos a hablar de la realidad: el museo fallero no es un museo porque no tiene director, el museo fallero no es una colección permanente porque no tiene horario de apertura, y el museo fallero no es un museo porque no está musealizado (que esto debería ser el primer dato importante).
Hace unos años, en la última reforma del Museo Fallero (seguimos llamándolo así), se llegó a la conclusión de que los ninots indultados de más de cinco años se devolvieran a las fallas correspondientes por no poder mantenerlos, y se optó por poner los carteles anunciadores y los últimos ninots indultados. El museo fallero, actual sede social de la Federación Junta Fallera de Sagunto, también dispone de unos paneles donde se pueden ver todas las falleras de la comarca desde Nora Ariza hasta Maria Moliner, pasando por tantas mujeres que han aportado su granito de arena a la fiesta, pero ¿cuál es el problema? Que no puede visitarse ya que es la sala de juntas de Presidentes y no existe un recorrido para poder hacerlo.
Pero volvamos a las generalidades de los museos. Inicialmente, el primer factor que justificaba y daba sentido a los museos era la propia colección, de la que la institución se ocupaba de conservar y mostrar. Con el tiempo, el concepto de museo-contenedor se fue ampliando por el de servicio cultural público, y otros elementos se fueron incorporando a los componentes esenciales del museo. Estos se pueden resumir en: el público, la planificación, el continente y el contenido.
El público. Uno de los objetivos de todo museo es mostrar su colección y llegar al máximo de personas posibles, independientemente de su origen o nivel cultural. Durante los siglos XVIII y XIX el principal público de los museos era gente de la aristocracia y de la burguesía. Con el tiempo el grupo se amplió a estudiosos, intelectuales e historiadores. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX, con la llegada de la cultura de masas, cuando los museos se convirtieron en centros totalmente abiertos a la sociedad. A principios del siglo XXI, con la llegada de las nuevas tecnologías y las redes sociales, los museos se han abierto a su público, ganando presencia en plataformas como Twitter o Facebook.
Según un estudio publicado por el Ministerio de Cultura de España, actualmente la mayor parte del público (un 80%) que asiste a los museos lo hace en pareja o en grupos de 3-4 personas. La franja de edad más significativa se encuentra entre los 12 y los 41 años. En cuanto al público adulto, más del 63% posee estudios superiores. Según el estudio, las expectativas de la visita más compartidas son poder apreciar objetos u obras de arte, conocer la historia y descubrir cosas nuevas.
La planificación. Como toda organización, el museo debe tener unos objetivos claros y bien definidos. Estos objetivos a menudo vienen marcados por la política cultural de su área geográfica de influencia y por las intenciones del propio equipo gestor del museo. La museología investiga sobre todos los temas relacionados con la planificación del museo, como son la adquisición y conservación de obras, la disposición física de las obras, la difusión educativa de la colección o el análisis de la relación público-museo, entre otros muchos aspectos.
El continente. La actividad del museo está ligada a su propia estructura arquitectónica. Los museos se encuentran generalmente ubicados en dos tipos de edificios: bien en construcciones singulares de planta antigua, construidas para cumplir otra utilidad; bien en edificaciones de nueva planta, construidas específicamente para convertirse en museo. Los edificios de planta antigua presentan particularidades arquitectónicas que a menudo dificultan o influyen en el discurso expositivo. En los museos de nueva planta, en cambio, los edificios están específicamente diseñados como museos, facilitando a menudo la instalación de servicios complementarios, como la cafetería, el guardarropa o los accesos. Estos edificios deben ser sobre todo flexibles y extensibles, es decir, deben permitir futuras modificaciones y/o ampliaciones. Algunos de los continentes de nueva planta más destacados del panorama museístico internacional son los Guggenheim Museum de Nueva York y de Bilbao, el Centre Pompidou de París y el Getty Center de Los Ángeles, entre otros.
La propia ubicación del continente influye en el funcionamiento del museo y a menudo en la cantidad y el tipo de público. El edificio puede encontrarse en el centro de la ciudad o en un espacio en una zona rural. Un ejemplo de ello es la ubicación del Museu Nacional d'Art de Catalunya, con Montjuïc como frontera natural, o los cinco palacios de la calle Montcada que componen el Museu Picasso de Barcelona.
El contenido. Normalmente la colección permanente de un museo es solo una pequeña muestra de su fondo. Esta muestra suele ser una selección de las mejores piezas de la colección o de las más representativas. Las piezas, sin embargo, no solo deben valer por sí mismas, sino que deben tener un sentido en el contexto de la exposición, deben mantener cierta relación con el resto del material expuesto.
Yendo más al detalle, ¿cuáles deben ser los museos referentes para repensar la anatomía del (no) museo fallero de Sagunto?
Museu Faller de Monteolivete. Este museo se fundó para albergar todos los ninots que oficialmente indulta la Junta Central Fallera, organismo rector de las Fallas de Valencia y algunas localidades próximas, gracias a la votación popular. La exposición contiene todos los ninots indultados desde el primero de 1934, con el paréntesis de la Guerra Civil, uno por año hasta 1963, cuando se empiezan a indultar también los de fallas infantiles. También hay una sección donde se explica el proceso de construcción de un ninot, y diversas colecciones relacionadas con la fiesta: todos los carteles anunciadores oficiales de las Fallas de Valencia (el primero es de 1929), las fotografías de las fallas grandes e infantiles ganadoras de la sección especial desde 1934, los retratos de las falleras mayores de Valencia desde 1995, todas las insignias de las comisiones falleras censadas en la Junta Central Fallera y las fotos de las fallas plantadas por el Ayuntamiento de Valencia desde 1981 (primer año que la pagó el consistorio). Finalmente, en una sala de audiovisuales se proyectan vídeos relacionados con las Fallas. Es posible adquirir la Guía del Museo Fallero en cuatro idiomas (valenciano, castellano, inglés y francés). Desde finales de 2015 se considera un museo, ya que el Ayuntamiento de Valencia, que lo gestiona, ha optado por colocar un director del mismo.
Museu Faller del Gremi d'Artistes Fallers. Perteneciente al Gremi Artesà d'Artistes Fallers de València, este museo también tiene figuras salvadas del fuego, pero esta vez por decisión de este gremio sobre la base de su valor artístico. Además hay expuestos bocetos a lápiz y acuarela de fallas y carrozas, parots (figuras precursoras del ninot), fotos de fallas de todos los tiempos, insignias, llibrets de fallas, y trabajos de artistas falleros no relacionados con las Fallas, como la maqueta del parque de Gulliver en el antiguo cauce del Turia.
Museu Faller de Gandia. En la ciudad de Gandia encontramos un museo fallero con una concepción diferente. Su base no son los ninots indultados, sino la divulgación de la fiesta fallera, que realiza con la ayuda de tecnología interactiva y multimedia. En él, el visitante puede ver cómo surgieron las diferentes comisiones falleras desde la primera que surgió en el siglo XIX, conocer los actos que celebran los falleros (Crida, Ofrena, etc.) en diversos paneles, saber cómo es la indumentaria tradicional valenciana, ver fotos de las falleras mayores y falleras mayores infantiles de Gandia en pantallas táctiles, hacerse una idea del ambiente festivo en una plaza llena de pantallas con imágenes de las Fallas, diseñar una mascletà (con la que tiembla el suelo incluso), aprender cómo se construye un ninot desde el boceto hasta el acabado, ver los ninots indultados de Gandia en pantallas, saber qué comisiones falleras hay en Gandia y qué hacer, escuchar diferentes sonidos de las Fallas a través de un juego de tubos, y ver ejemplos de textos satíricos en llibrets. El recorrido, que se puede seguir en una visita guiada que explica cada punto, está pensado desde un punto de vista ameno y espectacular, y comprensible para quienes no conozcan las Fallas.
El Centre d'Interpretació de la Festa es un museo situado dentro de un moderno edificio con espacios multifuncionales, una buena situación y una dotación de medios técnicos, lo cual ha hecho que en poco tiempo sea un lugar de referencia para la ciudad, la comarca de la Safor y, cómo no, para la Comunidad. El espacio museístico muestra desde una perspectiva moderna todo lo relacionado con la fiesta fallera en general y, también, la vinculación de las fallas con la ciudad.
El objetivo del Museu Faller de Gandia es dar a conocer de una forma diferente y lúdica la historia, la cultura y la tradición valencianas, el arte, la música, la sátira y el ingenio. Todo ello unido al trabajo de los artistas falleros y a la riqueza de nuestra tradición.
En definitiva, lo que se pretende transmitir a la gente es que las fallas no son únicamente fotografías antiguas y ninots, y que no se reducen a una semana de fiesta, sino que abarcan todo un año de esfuerzo y trabajo.
Concluyendo, tenemos dos modelos de museos municipales, Valencia y Gandia, propiedad de las fallas. ¿Cuál sería el modelo ideal para Sagunto?