Volver al blog 5 de marzo de 2017 · Por Pedro José Rubio Miguel (Director del Centre Ocupacional Sant Cristòfol)

Una falla tan igual, tan diferente, tan especial

Una falla tan igual, tan diferente, tan especial

Este año la Unesco se ha quedado enamorada de nuestras fiestas especiales.

Porque lo que es especial es diferente, y porque lo que es diferente siempre tiene un atractivo único. Y muchas veces, cuando saboreas lo diferente, descubres que detrás de su encanto inicial hay una cualidad escondida que te llena de sabor.

La Unesco lo ha descubierto en nuestras fiestas josefinas, y hoy la Falla Luis Cendoya busca hacer lo mismo con una enigmática falla que se encuentra en un entorno alejado de los monumentos falleros habituales, pero que bebe de ellos para intentar crear un submundo paralelo al oficial de nuestras fiestas.

A las afueras de Sagunto, enclavado en el cerro de Sant Cristòfol, justo debajo de nuestra escuela de educación especial, se encuentra un centro repleto de personas especiales y diferentes, que día a día luchan para que la sociedad las vea integradas en ella.

Y lo hacen mediante sus sonrisas y el trabajo diario en los Talleres Ocupacionales. Su discapacidad intelectual no supone ningún problema a la hora de realizar trabajos con mimbre, reciclar papel y cartón, cuidar los exteriores del centro como el césped o las plantas que los rodean, dar formas mágicas al barro o mantener la centenaria artesanía de la ciudad de Sagunto: el conxe.

Trabajan y venden sus productos en el mercado municipal, mientras hacen deporte en el polideportivo, o hacen senderismo por nuestros caminos, o nadan en nuestras piscinas. Y todo ello porque no buscan ser integrados, sino que ya se sienten integrados en nuestra sociedad. Solo haría falta que existieran muchos «Unescos» que los descubrieran y se sintieran orgullosos de contar con ellos como uno más.

Una falla tan igual, tan diferente, tan especial.

Y como una más, en marzo emana en la pista un monumento de los muchos que enriquecen la cultura de nuestra ciudad. Es la Falla del Centre Ocupacional Sant Cristòfol.

Durante todo el año, los ninots han ido cobrando vida, para lucir majestuosos los días previos a San José. Y es que no todas las fallas se queman el 19. Días antes se puede disfrutar del color de las banderas y el olor a chocolate que tanto les gusta.

Y resuena la música tradicional valenciana, que es bailada con gracia y devoción por nuestros falleros durante toda la semana, esperando el día de la cremà.

Se vestirá la fallera mayor, que estará guapísima, y bajará las escaleras del brazo del presidente. Orgullosos, contentos y felices de recibir los víctores de sus compañeros, de las familias asistentes al acto, y de las personas que trabajan con ellos y para ellos durante todo el año.

Se escuchará una mascletà como preludio de la ofrenda de flores, en la que participarán todos los asistentes de la entidad. Y repasarán los diferentes ninots de esta falla, que tiene todo el mérito del mundo para sentirse también reconocida por la Unesco como especial. Porque ellos lo son. Y porque la diferencia no es un obstáculo para amar esta fiesta y para sentirse partícipes de la alegría general de toda la ciudadanía.

Disfrutarán de su falla mientras es devorada por las llamas, y apagada por el buen hacer de nuestros queridos bomberos, a quienes siempre se recibe con besos y abrazos.

La música se apagará, y el olor a pólvora se dispersará, y ellos continuarán con sus artesanías diarias, y en su sonrisa se dibujará el boceto de «la falla de Sant Cristòfol» del año que viene.

Hoy Luis Cendoya se ha asomado a una falla que no está en la sección especial, pero que sin duda lo es gracias a la ternura y la magia de estas personas diferentes que quieren sentir la fiesta con la misma integración y amor que cualquier persona a la que llamamos erróneamente «normal». Porque todos somos iguales, integrados en una sociedad tan ricamente diversa.

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