Volver al blog 7 de marzo de 2020 · Por Gaby Collado (docente, poeta y fallero)

La literatura en el mundo de las Fallas

La literatura en el mundo de las Fallas

Muy a menudo solemos decir que las Fallas son una fiesta efímera, que año tras año quema su monumento y vuelve a resurgir de nuevo como el ave fénix para empezar un nuevo ejercicio.

Posiblemente esta sea la percepción más habitual, tanto por parte de mucha gente de nuestro colectivo como de mucha gente de fuera. Pues bien, esa teoría no se puede considerar del todo cierta, porque con el paso de ese fuego purificador que es el emblema de la cultura valenciana, hay una parte de la fiesta de las Fallas que perdura en el tiempo, que perdura con el paso de los años y que es lo que queda grabado después del paso del fuego a ceniza, haciendo la historia de las Fallas más grande si cabe. Esta parte de la fiesta no es otra que nuestra literatura, la literatura fallera, cómo no, escrita en nuestro idioma, el valenciano.

Dentro de esta literatura podemos englobar la explicación de la falla o crítica sacada en cada monumento, el llibret, las poesías de las falleras mayores, y un largo etcétera que iremos desgranando poco a poco, para que se pueda ver la importancia de todos ellos, porque conservar nuestra literatura es hacer que se conserve en la memoria nuestra fiesta, teniendo documentos tangibles que demuestren todo lo que ha sucedido en cada ejercicio fallero.

Empezaremos por la relación y explicación de la falla, o lo que es lo mismo, la crítica que cada comisión quiere mostrar. Las primeras explicaciones de las fallas de las que se tiene constancia estaban formadas por textos explicativos en forma de versos satíricos bastante mordaces que se colgaban en hojas sueltas en las paredes que rodeaban los cadafales. Estos textos se distribuían a través de librerías y copias manuscritas e incluso los vendían los niños de la falla alrededor de esta.

Es bien sabido que el origen de las fallas es un poco incierto, pero si bien, como decimos, el inicio de la fiesta no está del todo claro, la documentación más antigua que se ha encontrado sobre las Fallas data de 1740, y es un oficio de la autoridad municipal de Valencia que prohibía colocar y quemar los monumentos en las calles estrechas y junto a las fachadas de las casas. A raíz de estas medidas, la policía urbana de la ciudad, para prevenir incendios, obligaba a los vecinos a plantar sus fallas en calles más anchas, en plazas o en cruces de calles donde su amplitud hiciera más segura la cremà. Curiosamente, sin pretenderlo, una simple medida como esta provocaría, a la larga, una importante transformación, sobre todo en la explicación de la falla. Pues aunque las fallas continuaban manteniendo una estructura horizontal y teatral en dos cuerpos (un tablado y una escena arriba), al colocarlas en el centro de una calle o plaza era necesario concebirlas de forma circular, ya que podían ser rodeadas. De esta forma, para poder verla en su totalidad, había que rodearla, lo cual hizo que, al liberarlas de su anexión a una pared, se permitieran nuevas formas constructivas y la necesidad de colocar crítica y mensajes por todos sus costados, haciendo más visible si cabe esta explicación de la falla en forma de sátira.

Con el paso de los años, esas hojas con la explicación de la falla empezaron a juntarse e imprimirse como un cuaderno, naciendo así lo que conocemos hoy en día como el llibret de falla (nombre que se le da desde el año 1890).

Pues hablar del llibret de falla es hablar de Josep Bernat i Baldoví, autor del primer llibret de falla (las explicaciones de fallas ya existían de antes con seguridad, aunque no se ha conservado ninguna); este llibret data del año 1855, donde explicaba la falla plantada en la plaza del Almudín de Valencia y llevaba por título El conill, Visenteta i Don Facundo, y en él Bernat i Baldoví hacía gala de una poesía erótico-satírica. Este llibret apareció como una serie de hojas encuadernadas que contenían únicamente la explicación de la falla, y que vendían los niños a pie de ella para que la gente pudiera comprender el monumento. No obstante, existe un manuscrito suyo con la explicación de la falla de la calle de les Avellanes de 1850 que seguramente no llegó a imprimirse.

Este manuscrito, atendiendo a la descripción de la prensa de la época, representaba a «una labradora y un elegante que se mostraba apasionado por sus rústicos encantos». Según el artículo de J. L. Marín: Sobre els primers versos fallers: un manuscrit del 1850, sacado por la Revista d'Estudis Fallers, los versos de Bernat i Baldoví son prácticamente iguales tanto en el llibret de 1855 como en este manuscrito de 1850, coincidiendo alrededor del 70% de los versos.

Desde 1830 hasta bien entrado el siglo XX, las fallas tienen mucha relación con la literatura popular, lo que hacía que publicaciones como El Mole, La Donsayna o La Traca expresaran por medio del humor y la sátira muchos aspectos relacionados con nuestra cultura y también, en muchos casos, con el mundo de las fallas.

A partir del año 1851, el Ayuntamiento de Valencia decidió que cada grupo de vecinos que quisiera plantar una falla debía solicitar un permiso. El expediente generado en el Ayuntamiento constaba de la solicitud firmada por el representante del grupo de vecinos, el boceto de la falla y la explicación del argumento. Esta explicación podía ser una memoria, los versos que iban a exponerse en la calle o bien los versos del llibret (manuscritos o ya impresos). Con esta medida, el Ayuntamiento puso la primera piedra para la conservación de la documentación generada por la fiesta de las Fallas.

Toda esa documentación generada y el aumento literario hicieron que, en los años finales del siglo XIX, el historiador Luis Tramoyeres escribiera sobre la literatura fallera que era «epigramática, intencionada, mordaz, punzante; a veces sangrante, nunca moderada, siempre destemplada y libre en la censura, audaz en la crítica y deshecha en la forma, como cosa ligera y que solo ha de vivir un día para solaz del pueblo y mortificación del residenciado, entregada sin apelación al abrazo secular de los falleros del tribunal festivo, magistrados de portal y fiscales de rebotica, que acusan y condenan conforme al código de su omnímoda voluntad».

Los llibrets de falla continuaban haciéndose durante la última mitad del siglo XIX, y en 1903 la Associació Cultural Lo Rat Penat crea los premios al mejor llibret de falla, lo que permite la consolidación definitiva de los llibrets dentro de nuestro mundo fallero. Poco a poco, la participación de autores reconocidos será cada vez más habitual, y los poetas aficionados del barrio irán conviviendo con autores cultos de la ciudad, que entienden esta participación como otra manifestación de su compromiso con la lengua.

Durante los años 20 y 30, los llibrets falleros y las revistas falleras tienen un gran apogeo, con un seguimiento masivo de la población, lo que hace que se expandan las fallas y los llibrets fuera del Cap i Casal, haciendo llegar nuestra fiesta a muchos pueblos de nuestra comunidad, entre ellos Sagunt y Almenara, por ejemplo.

Así, en nuestra comarca, en el Camp de Morvedre, podemos datar el primer llibret fallero en el año 1924, en la falla que se plantó en la Plaça Vella del pueblo de Estivella y de la cual mostramos su portada.

Fueron pasando los años, y ya adentrados en la década de los 30, durante la Guerra Civil española, la literatura fallera no paraba de brotar, y nuestros llibrets eran la parte reivindicativa dentro de los momentos trágicos que vivía toda España.

El fin de la guerra y la llegada de la dictadura dieron paso a la llegada de la censura, que no dejaba que la gente se expresara en otro idioma que no fuera el castellano. Eso hizo que los llibrets tuvieran que dejar de escribirse en nuestro idioma, pero en las fallas nos permitieron que los versos de la explicación de la falla fueran escritos en valenciano, lo que hizo que se mantuviera nuestra lengua incluso durante la época dictatorial, convirtiendo el llibret de falla en un panfleto reivindicativo en muchas ocasiones para la población valenciana.

Posteriormente, desde los años 40 hasta finales de los 70, el llibret de falla, en la mayoría de las comisiones, solo servía de anuario y llevaba la explicación de la falla.

Pero la evolución del llibret ha ido poco a poco modernizándose y creciendo, hasta que actualmente encontramos que el contenido de los llibrets es mucho más que esa explicación; no obstante, su estructura no ha cambiado mucho respecto a la que se hacía en la primera mitad del siglo pasado, y dentro de ellos, además de un amplio contenido en artículos relacionados en muchos casos con la cultura de nuestra tierra, podemos encontrar: el saludo del presidente de la comisión, los componentes de la junta directiva, un listado de falleros y falleras, tanto mayores como infantiles, fotos de las falleras mayores de la comisión y poesías dedicadas a ellas, explicaciones de las fallas grande e infantil, así como sus bocetos, un programa de festejos, la lista de recompensas de la Junta Central Fallera (bunyols y distintivos) y de la Federació Junta Fallera de Sagunt (masclets) entregadas a los miembros de la comisión, y los actos más destacados durante el ejercicio.

Estas últimas décadas han hecho que los llibrets aumenten su contenido cultural, haciendo que, a la vez que los llibrets tenían más visibilidad, creciera el interés de los falleros por su patrimonio y por su historia, fomentando al mismo tiempo la literatura de nuestra tierra.

Y dentro de esos llibrets, igual que se encuentra la explicación de la falla, se encuentran las poesías de las falleras mayores. Ambas cosas son una expresión literaria fallera que perdurará en los archivos de cada comisión. Esa forma de hacer literatura conlleva tiempo y tiene una ardua elaboración, y en muchas ocasiones no se aprecia su complejidad ni la dificultad de hacer las rimas para todos esos poetas, entre los que me incluyo, por parte de la gente que lee lo que se ha escrito.

Porque hacer prosa o hacer verso es la forma de expresión de que disponemos los poetas o mantenedores de cada falla para dar forma a nuestras ideas, para exaltar a nuestras máximas representantes o para hacer la crítica local de nuestro monumento, expresando nuestras disconformidades con lo que ha sucedido en nuestro pueblo cada año.

Pero los versos no se escriben de cualquier manera. Los versos tienen una métrica, tienen un sentido, tienen una medida que hace que, a la hora de leerlos, tengan una armonía. Así queda demostrado en el libro Mètrica Fallera, de mi amigo Santiago Ríos, donde nos explica que:

«La métrica es el arte que nos enseña a medir y componer versos y la manera de combinarlos para obtener efectos rítmicos. La versificación exige diversas condiciones. Hay que atender al número de sílabas en cada verso, a una ordenada distribución de los acentos en el verso, a ciertas pausas y a la rima de las palabras finales. Diversos son los tipos de versificación en la historia de la literatura: el paralelismo, la aliteración, la clásica de Grecia y Roma, la irregular, la cuantitativa y la silábica. La versificación silábica es la más culta que se conoce en los países de lengua romance, desde el Renacimiento. Este sistema silábico está basado no en las sílabas largas o breves, sino en el número de sílabas. Es el más severo de los sistemas métricos. Para la perfección del verso hay que atender a cuatro condiciones: 1) Un número determinado de sílabas en cada verso. 2) Entre las últimas palabras de los versos, cierta igualdad o semejanza a partir de la vocal acentuada. 3) Algunas pausas entre los versos. 4) Una acertada distribución del acento en cada verso. Medir un verso es contar el número de sílabas de que consta. Estas se cuentan por la gramática, pero hay que hacer algunas observaciones. En general se atiende a la pronunciación, no a la escritura. Constantemente hacemos en la pronunciación sinalefas, y los poetas se permiten hacer uso de diéresis y sinéresis. Tres clases de licencias poéticas que hay que tener en cuenta al medir las sílabas».

Es por todas estas formas de expresarnos en nuestra lengua y de fomentar nuestra cultura que el mundo de las fallas no se podría concebir sin la literatura que las conforma. Porque si esta literatura no existiera, las fallas, sus explicaciones, y todo lo que rodea a nuestra fiesta marcera, morirían cada año devoradas por el fuego la noche del 19 de marzo, sin dejar ningún testimonio escrito ni ningún recuerdo que salvaguarde unas raíces con tanta historia como son las fallas.

Conservar nuestra literatura y engrandecerla año tras año es el mejor legado que nuestra fiesta puede dejar a nuestros descendientes, para que puedan apreciar el esfuerzo de las generaciones posteriores por mantener nuestras tradiciones, y que nuestra fiesta nunca muera en el recuerdo. Porque no debemos olvidar que las fallas, sin su literatura, en muchas ocasiones no cobrarían sentido y dejarían de ser lo que son: la mejor fiesta del mundo.

Gaby Collado
Docente, poeta y fallero

Bibliografía: Mètrica Fallera, Ríos i Guinot, Santiago. El llibret de la falla: explicació i relació de la festa, 1855-1899, València: Generalitat Valenciana, 2014, Marín i Garcia, Josep Lluís (coord.). Revista d'Estudis Fallers, artículo «Sobre els primers versos fallers: un manuscrit del 1850», Marín i Garcia, Josep Lluís. Vídeo Exposició: El llibret de Falla, coordinado por la Generalitat Valenciana. www.distritofallas.com. www.fallas.com. valenciaactua.es. www.estudisfallers.org. valenciaplaza.com. www.lasprovincias.es. www.cronistasoficiales.com. bivaldi.gva.es.

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