Materiales, fallas y sostenibilidad

Recuerdo hace unos años, en una visita al Museo Fallero de Valencia guiada por el amigo Rubén Tello, una reflexión que hicimos al ver la evolución de los ninots de falla que allí se conservan (técnicamente hablando), y que quedó flotando en el aire: «si comparamos las fallas con el cine, las fallas han ido bebiendo de la evolución de los decorados cinematográficos en cuanto a materiales, pasando del cartón piedra al corcho. Antes mirábamos al cine para ver la siguiente evolución, y en unos años llegaba a las fallas; pero ahora ha cambiado un poco, porque el cine utiliza el croma y las fallas deben evolucionar por sí mismas». Esta reflexión también está sobre la mesa cuando hablamos de que la habilidad técnica de los artistas falleros podría tener presencia en prácticamente cualquier campo en el que haga falta una decoración.
Partiendo de esta premisa de separación de las fallas de otras actividades artísticas, podemos hacer, primero, un listado de la evolución de los materiales de construcción de las fallas, qué evoluciones se están dando hoy en día y cuál sería su futuro.
Primero nos preguntaremos: ¿de qué material están hechas las fallas? Las fallas que podemos ver arder actualmente están hechas de poliestireno expandido, más conocido como poliexpán o corcho blanco. Este material es ligero, permite crear figuras de gran tamaño con todo tipo de detalles y a la vez que lucen más, todo ello sujeto por una armadura de madera que le otorga estabilidad. Hasta principios del siglo XX las fallas eran cajones altos con tres o cuatro ninots de cera vestidos con ropas de tela, hasta que los artesanos incorporaron un nuevo procedimiento: la reproducción de moldes en cartón piedra.
La creación de la falla fue evolucionando hasta la actualidad. Tradicionalmente estos ninots eran de papel, cartón y madera. Actualmente las figuras más voluminosas se hacen de corcho blanco, ya que permite formas más ligeras y de mayor tamaño. Así, la mayoría de monumentos están compuestos de poliestireno expandido (poliexpán), fácilmente moldeable con sierras de calor, que aporta más brillo a la pieza. Así, el arte fallero ha generado monumentos de mayores dimensiones con remates de auténtico vértigo, que rozan los 30 metros de altura.
La diferencia entre los ninots de cartón y los de corcho reside en la manera de construirlos. En su modo más tradicional, los ninots se realizan partiendo del cartón como materia prima, con estos pasos: elaboración de un boceto previo con todos los detalles posibles, preferiblemente con los colores; a partir del boceto se elabora una copia a tamaño real en barro, que se eliminará una vez hecho el molde, por lo que puede reutilizarse una y otra vez; construcción del molde en escayola sobre la superficie del barro, aplicando previamente un poco de jabón; desmoldar la figura haciendo palanca sobre los espacios reservados; crear el molde de cartón con cola blanca y finas hojas de cartón reciclado, aplicando dos o tres capas por fragmento, que se desmolda una vez seco; y por último unir los fragmentos con cola, repasando la figura y añadiendo papel de estraza o periódico donde sea necesario, para acabar lijándola suavemente y dejarla lista para pintar. Lo bueno de este método es que los moldes pueden usarse varias veces; de hecho, muchos artistas falleros compran los moldes a otros para abaratar costes y dar una segunda vida a las escayolas.
Por otro lado, los avances han permitido agilizar la tarea, aunque no todos los artistas están a favor de emplear esta técnica. Los ninots de corcho blanco o poliestireno expandido se realizan a partir de planos seriados de los bocetos; actualmente existen sistemas informáticos (similares a los de las impresoras 3D) que permiten hacer las divisiones de forma digital: se parte igualmente de un boceto, se cortan piezas de corcho blanco con la silueta que refleja el boceto, se corta el corcho con la forma exacta de cada pieza -usando principalmente cuchillas, limas y rasquetas-, se ensamblan las piezas pegándolas con cola blanca y reforzando la estructura con una capa de papel de periódico y cola (en algunos talleres, con escayola), y por último se aplica la pintura y decoración necesarias.
Como podemos ver, la manera creativa de hacer el ninot y el sentido que debe tener es el mismo en ambos casos, ya que, al fin y al cabo, es la esencia de la falla. Pero, como ya hemos dicho, los materiales van evolucionando, y podemos encontrar materiales distintos e incluso formas distintas de modelar.
Nuevo material: la paja de arroz. En la web de la UPV se hace una reflexión sobre la paja de arroz con la que queremos empezar: «dos veces al año el cielo de Valencia se llena de humo. Una tiene lugar en otoño, cuando los agricultores de los campos situados al sur de la ciudad queman los restos de la siega del arroz; es una incineración que dura semanas y que, además de la expulsión de CO2 a la atmósfera, genera graves problemas respiratorios a los habitantes de la ciudad. La otra se produce el 19 de marzo, cuando solo en Valencia las llamas devoran 800 fallas hechas de poliestireno expandido, un derivado del petróleo barato y maleable que genera un humo tóxico y un espacio de trabajo insalubre para los artistas que deben manipularlo».
Esta doble problemática es la que planteó resolver el profesor del Departamento de Dibujo de la Universitat Politècnica de València (UPV), Rubén Tortosa, cuando en 2011 puso en marcha una investigación para buscar la manera de construir fallas utilizando impresoras 3D y paja de arroz. Pretendía resolver dos problemas: aprovechar los residuos agrícolas y sustituir el uso de una sustancia tan problemática e ineficiente como el poliestireno, ya que durante la construcción de las fallas se desperdicia el 30% del material, con el coste que ello conlleva.
Para abrir este camino contó con la complicidad de tres compañeros de la UPV, con quienes creó un grupo multidisciplinar: Miguel Sánchez, del Departamento de Informática de Sistemas y Computación; Xavier Mas, del Instituto de Restauración del Patrimonio; y José Ramón Albiol Ibáñez, del Departamento de Construcciones Arquitectónicas. Juntos consiguieron la colaboración de la universidad, que les concedió una ayuda de 8.000 euros, y del Ayuntamiento de Valencia, que en 2017 les concedió 12.000 euros más. Aunque la UPV patentó el año pasado la creación de ninots falleros con paja de arroz, ahora el objetivo es que el ámbito privado se sume a la iniciativa y proporcione a los artistas el material ya procesado, ayudándoles a disponer de impresoras 3D.
Mientras se espera que la producción crezca, dos fallas de Valencia ya han contado con ninots elaborados con paja de arroz: la falla infantil de la plaza del Ayuntamiento y la comisión Menorca-Luis Bolinches. Uno de los problemas de aplicar este material es el encarecimiento de los monumentos, tal como señaló Jorge Carrascosa, artista fallero y autor del ninot de la falla Menorca-Luis Bolinches, en una nota de prensa de 2017: «ahora mismo la paja de arroz es un material mucho más caro, y las comisiones lo que quieren es pagar menos. Además, hay que mejorar su ligereza, consistencia y densidad para poder trabajarlo rápidamente». Rubén Tortosa entiende las resistencias, pero considera que el adiós al poliestireno es «cuestión de tiempo, porque la Unión Europea no tardará en prohibir su uso»; recuerda que cuando se introdujo el poliestireno para sustituir al cartón también hubo «muchas resistencias, ahora es lógico que a algunos les cueste dar el paso», aunque cree que el cambio se producirá y que, del mismo modo que el poliestireno modificó la manera de hacer fallas -que crecieron en tamaño y vistosidad-, «ahora habrá que hacer otra evolución».
Nuevos materiales: el corcho «verde». La empresa valenciana Copovi Ramon 3D Industries, de Rafelguaraf, inicia la comercialización en España de este nuevo material, certificado en Francia, de la mano de la empresa Knauf Industries. Es de origen vegetal y aseguran que cumple los criterios de la economía circular, por lo que podría ser la alternativa «verde y sostenible» a las actuales fallas de Valencia. El neops es una resina plástica expandible de biomasa vegetal cuya composición química básica es el estireno. Knauf Industries asegura que su huella de carbono es muy inferior a la del EPS convencional, pero mantiene las mismas prestaciones que el airpop o corcho blanco: está formado en un 98% por aire y, por tanto, es ligero, aislante, con alta capacidad para absorber golpes y con resistencia mecánica. En el argumentario de Copovi a favor del neops destaca el discurso «verde», pero también el económico, ya que las materias primas que se trabajan en los talleres falleros se han encarecido por el aumento del precio del petróleo: actualmente el corcho blanco o poliexpán es hasta un 40% más caro que hace un año.
Profesiones y enfermedades en los talleres falleros. Tenemos claro que los cambios de materiales también articulan cambios en los procesos dentro de los talleres falleros, gracias a la evolución de la creación de las fallas. Las profesiones clásicas en un taller fallero son las de carpintero, pintor, lijador y el propio artista, poco más; aunque hoy en día, con las nuevas mejoras de materiales y procesos, podemos hablar de diseñadores, modeladores 3D, operarios de fresadora y otras profesiones asociadas a los distintos materiales. ¿Estamos preparados en el mundo de los artistas falleros para reciclarnos académicamente, o somos capaces, en la situación de crisis mundial actual, de aportar cambios en los materiales y tener una nueva «profesionalidad» en el mundo de los artistas falleros? Y, más aún, tal y como afirma el Mestre Major, Francisco Pellicer, «las fallas no pueden costarnos la salud», es el llamamiento que hacen los artistas falleros desde su gremio, pidiendo una reflexión a todo el sector fallero, ya que consideran que el volumen de los monumentos y la relación entre costes y presupuestos que se les exige no dejan un margen óptimo, lo que repercute en su salud y su economía, así como en las enfermedades derivadas del uso de materiales antiguos relacionados con el cartón piedra -barnices, colas y otros productos químicos, que deberían equipararse a las enfermedades de los trabajadores del mueble o el textil-, además de los nuevos materiales y las «nuevas» enfermedades laborales que pueden traer consigo. Según Pellicer, siempre es útil conocer en detalle los riesgos laborales que comporta esta actividad, pero al ser un sector tan pequeño no hay empresas ni administraciones que se preocupen de realizar estudios específicos. Pellicer afirma que en 2013 el Instituto Valenciano de Salud en el Trabajo (Invassat) comenzó a realizar un estudio en los talleres de los artistas, que nunca llegó a finalizarse, y que en su web todavía aparece como proyecto sin publicar.
Apuesta por la sostenibilidad en las fallas. Aquí está la clave, y como siempre en el mundo fallero, solo hay cambios si hay contraprestaciones. En este caso, en la ciudad de Valencia se concederán en 2023 los primeros Premios Fallas Sostenibles a los monumentos que traten temas relacionados con la sostenibilidad y utilicen materiales ecológicos. En la categoría de fallas grandes, las tres primeras premiadas recibirán 4.000, 2.000 y 1.000 euros respectivamente; en las infantiles, 1.500, 1.000 y 500 euros. El 16 de marzo de 2023 se dará a conocer el nombre de los monumentos infantiles ganadores, y el día 17 el de los grandes. Además, las cinco clasificadas en ambos grupos obtendrán un estandarte realizado por una empresa de economía circular. Los concejales de Cultura Festiva, Carlos Galiana, y de Emergencia Climática y Transición Energética, Alejandro Ramon, han presentado esta iniciativa, con la que se pretende involucrar a las comisiones falleras en el objetivo de la descarbonización.
Los responsables municipales han destacado el arraigo social del mundo fallero en Valencia: según datos de la Junta Central Fallera correspondientes a 2021, hay 89.394 falleros y falleras pertenecientes a 392 comisiones, por lo que son «aliados imprescindibles» en la Misión Climática Valencia 2030, con la que la ciudad aspira a formar parte de las cien ciudades europeas climáticamente neutras antes de 2030 que seleccionará próximamente la Comisión Europea. La Oficina Valencia Clima y Energía ofrecerá asesoramiento gratuito para tramitar los certificados expedidos por el MITECO. El Ayuntamiento impulsa las transformaciones necesarias para ser una ciudad más sostenible, saludable, compartida, creativa, próspera y emprendedora, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y la Agenda Urbana Española, con la implicación del sector privado, el sector público, las universidades, la sociedad civil, la ciudadanía y los medios de comunicación. También a nivel provincial se firmó hace unos años el Pacto por unas Fallas Sostenibles, impulsado por la Diputación de Valencia, la Consellería de Medio Ambiente y el Ayuntamiento de Valencia, mediante el cual las fallas adheridas se comprometen a implicarse activamente en la mejora de la gestión medioambiental de la fiesta, impulsar la sensibilización de la comisión respecto a la sostenibilidad y al carácter inclusivo y conciliador de la fiesta, impulsar modalidades de consumo más sostenible, adoptar medidas para combatir y compensar el cambio climático y divulgar la sostenibilidad de la fiesta entre visitantes y turistas.
Conclusión. Los nuevos materiales han venido para quedarse, pero no solo debemos mirar la perspectiva de los materiales en sí. Los nuevos materiales traerán cambios muy grandes en los talleres y en la percepción del monumento fallero. ¿Estamos preparados?