Oda a la basura

Estaba Pau el otro día dudando
dónde tenía que tirar su basura,
y tras pensarlo y pensarlo mucho
decidió consultarlo en la web.
Al cubo amarillo tiró un envase,
al cubo azul los cartones y papeles,
al verde cuatro botellas de cristal
y al marrón restos del desayuno.
Después a casa feliz volvió
y de esta acción se quedó satisfecho,
pero ni dos días le duró
la sensación de haber hecho las cosas bien.
Cuando vio que le habían cobrado
el maldito impuesto correspondiente,
Pau, furioso, no pudo evitarlo,
se puso de muy mala leche.
Contenedores de la calle quemó,
preparándolo con cuidado y a conciencia,
ya que Pau ese año en su casal
había obtenido con méritos el CRE.
Una explosión empezó a escucharse
porque un vecino, sin mucho interés
en reciclar, había metido
una traca en el cubo verde de la basura.
El gran estallido podéis imaginároslo,
todos los vecinos con la cabeza en la calle
pudieron presenciar el espectáculo,
aquello parecía una falla ardiendo.
Pau enrojeció, pues estaba acabado,
qué podía hacer ahora con aquello,
de repente le llegó la idea a la cabeza
y llamó con prisas a los bomberos.
Avergonzado por haberla montado,
decidió convertirse en aquel
que en el barrio animaría a reciclar
y escribió esta, su oda a la basura.
¡Oh, basura! Tú que ayudas a generar
recursos a partir de lo que tiramos,
inspíranos en cómo debemos separar
para conseguir que todos reciclemos.
Yo prometo no volver a quemar
tus sagrados depósitos donde la gente,
con voluntad de salvar el planeta,
te lanza a ti, ¡oh, gran y glorioso fem!
Teresa Aparicio i Matallín