Volver al blog 3 de marzo de 2025 · Por Nerea Barros (Actriz y directora)

La salud mental en el séptimo arte

La salud mental en el séptimo arte

¿Quién no ha escuchado alguna vez…? Uhhhhhh, no sé si escuchar es el verbo correcto… Quizás… ¿Quién no ha oído alguna vez que ir al psicólogo o a terapia es de locos…? Y ya no digamos al psiquiatra, porque ahí ya estás para que te ingresen…

Sí, amigas, estamos ante una herencia negacionista, plagada de tabúes en los lugares más vulnerables de una sociedad que necesita mucho cariño y comunidad. La realidad es justo lo contrario, ¡ES DE LOCOS NO IR A TERAPIA! Partiendo de la base de que somos seres que sienten, emocionales, un follón tremendo, vaya…, donde la educación que nos han inculcado no nos ayuda a gestionarlo ni a conocernos por dentro. Una educación predeterminada e impuesta que tiende a bloquearnos y a sesgarnos socialmente en una competencia continua que nos convierte en seres frustrados que no desarrollan su potencial. Pero tenemos que trabajarnos, es decir, como ir al gimnasio pero en plan psicológico. Ay, ay, ay…, seríamos tan felices…, tan diferentes y críticos…, estaríamos tan equilibrados… que por supuesto no interesa. Es mejor que se pierdan, que sean inestables, eso los hará vulnerables, serán más fáciles de manipular.

Y a los que realmente se atrevan a decir «creo que no estoy bien», pues a esos los marginamos, a la hoguera. Porque las enfermedades mentales siempre han sido marginales, tabúes de los que preferimos no saber nada, ni que estén cerca por si acaso, no se nos vayan a pegar. Poco, muy poco se sabe de ellas, y quienes las padecen no solo se enfrentan a un monstruo que no conocen, sino que también sufren el miedo a que se entere el vecindario, o el instituto, o…, ¡qué horror!, en el trabajo… Porque todo lo que no conocemos y nos han dicho que da miedo, nos morimos de miedo y nuestra respuesta directa es tirarlo fuera, combatirlo, apartarlo, dejarlo de lado y tomar distancia de eso que nos produce tanto pavor, aunque eso sea un ser humano que lo que más necesita es amor, cariño y apoyo. Y estas personas que además de atravesar su peor momento y convivir con una pesadilla que llevan en la cabeza, toman medicaciones que las dejan más desubicadas y menos sanas, por lo que llegan a perderse tanto y a aislarse que ya no diferencian dónde acaba su enfermedad y empieza la vida.

Y con esto no estoy hablando de enfermedades límite y muy complejas como la esquizofrenia en fase terminal o las enfermedades paranoides, aunque, por favor, que quede claro, todo lo que tiene que ver con el ordenador más potente del mundo y las emociones es siempre muy, muy, muy complejo, no quiero que se me malinterprete, pero la realidad es que marginamos a gente que sufre trastornos alimentarios como la anorexia o la bulimia, no tenemos ni p. idea de qué es la autolesión (habiendo tantos jóvenes que la sufren), marginamos la depresión, el trastorno bipolar y cualquier enfermedad diagnosticada que tenga nombre…

Pero ha pasado algo que no vimos venir: a todos nosotros, por muy fuertes o muy flower power que queramos ser, en algún momento nos hemos despertado sin ganas, con un no sé qué en la boca del estómago, pensamientos en bucle, malestar general…, pero no físico, otra cosa…, un miedo y un pesimismo que se apoderan de todo y que no nos dejan levantar cabeza. Y no entendemos nada… ¡claro! Os lo explico…, sufrimos nuevas enfermedades (men-tales), ANSIEDAD, ESTRÉS y cualquier combinación, derivación o degeneración que da lugar a pequeños estados depresivos o ansiosos con-ti-nu-ados. Y así vamos, hechos una p. mierda y sin contárselo a nadie hasta que reventamos. Porque ya podemos dormir tranquilos. ¡Sí, señores, nos pasa a todos!, y nos ocurre por cualquier detonante, elijan el que quieran… (dinero, trabajo, familia, hijos, amor, bla, bla, bla).

¿Y saben por qué? Porque hemos perdido la memoria, sí, por eso cada vez estamos más inestables. Sí, de verdad, hemos perdido la memoria de lo que es real, y cada día nos perdemos un poquito más, gracias a esta noria capitalista del desenfreno que nos ha hecho olvidar lo que de verdad importa y para qué estamos aquí.

Y es que desde la revolución industrial nos hemos ido elevando cada vez más de la tierra, hasta olvidarnos por completo de que nuestro cuerpo y el planeta forman parte de lo mismo, que somos un todo, de hecho. Que la realidad no es el estrés, el humo de los coches y los ríos vacíos a los que han desviado sus cauces, o un suelo árido y sin raíces; la realidad es esa selva, esa frondosidad salvaje que emerge y se entrevé en la Albufera, la realidad es la tierra que está debajo del asfalto y el hormigón, una tierra que nos explica quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos.

¡Madre mía!, a esta chica se le ha ido la pinza, artistas…, si es que… ¡CIERTO! Puede parecer que yo soy la más loca de todas y seguro que no os falta razón, además este tema de la pérdida de la memoria es largo y os lo explico otro día, OK, para que dejéis de pensar que soy una alienada mental…, eso sí, por favor, mientras tanto preguntad a vuestros mayores cómo era todo antes, hace 30 o 40 años, cómo era la vida, la tierra que os rodea, cómo era esa naturaleza…, seguro que encontráis ríos llenos de agua, una naturaleza fuerte, un clima mediterráneo y un entendimiento de la vida y de la muerte más arraigado y honesto con la realidad.

Soy así de pesada porque además de actriz soy directora y llevo años investigando sobre la memoria y el legado de nuestros mayores (que estamos perdiendo) vinculado al cambio climático. Mi detonante: ver morir a tantos ancianos sin la atención que merecían durante la covid. Esos que nos han cuidado de pequeños, que nos han dado la vida y la comodidad de la que disfrutamos, han sido abandonados por un sistema que cada vez más los aparta de la sociedad porque ya no sirven, cuando deberían ser los sabios de los que aprender, para evolucionar sanos como individuos y como sociedad.

Por eso surge mi ópera prima, RAÍCES DE AGUA, una película que abordará todos estos temas y que se rodará en gran parte en la Comunitat Valenciana, porque estoy obsesionada con vuestra costa y esa gran belleza, la más increíble del litoral español (y eso lo dice una gallega, ¡ojo avizor!). Una costa llena de humedales maravillosos, paisajes de película, de ríos perfectos bañados por un clima exquisito y único que ha ido desapareciendo… Yo me propongo en esta película recordar esa belleza, revivirla junto con esos ancianos, esa generación que todavía la lleva dentro, esos mayores que todavía la recuerdan.

Justo estaba en la selva del Amazonas, investigando sobre el legado más ancestral para esta película RAÍCES DE AGUA, cuando ocurrió el desastre.

Una pesadilla increíble y el dolor de un pueblo que llorará durante años tanta pérdida. La DANA llegó y lo arrasó todo. Como era de esperar, los que tienen que prevenir y proteger al pueblo son unos incompetentes irresponsables (con todo mi cariño lo digo, de corazón, pero lo digo), y aunque se estaba gritando a los cuatro vientos, por científicos, naturalistas, meteorólogos, que la DANA iba a pasar…, en lugar de dar la alarma a un pueblo con una herencia rápida e inteligente para saber actuar ante una gota fría y en situaciones como esta, prefieren negarlo todo y poner en riesgo la vida de miles de personas, para después de una tragedia tan tremenda, y a pesar de tener que asumir una pérdida humana irrecuperable, seguir sin tomar medidas.

Dicen ahora que lo que hay que hacer es limpiar los cauces de los ríos y pelarlo todo…, cuando es JUSTO LO CONTRARIO, porque solo hay que ver otros ejemplos en Europa, escuchar a los expertos y entender la naturaleza: los ríos deben recuperar sus cauces, las riberas de los ríos deben tener abundante vegetación autóctona, raíces que hagan que la tierra absorba el agua y no la deje seguir, construir pequeños diques orgánicos, que era lo que hacían los animales de los ríos como las nutrias. Todo esto es un pequeño ejemplo de lo que se puede hacer, con muy poco, para frenar la velocidad y el caudal, pero no sé cuándo alguien empezará a tomar buenas decisiones no basadas en la política sino en el bienestar del pueblo y la tierra. Hasta hoy da igual el grupo político, no lo he visto.

Como era de esperar, los que tienen que prevenir y proteger al pueblo son unos incompetentes irresponsables.

Es hora de reflexionar y unirnos como pueblo para cuidarnos, apoyarnos y exigir desde una mentalidad crítica lo que necesitan nuestra gente y nuestra tierra.

Y, claro, con todo esto, cómo no vamos a estar mal; lo difícil es mantenernos enteros en estos tiempos de genocidios y desastres naturales, donde parece que todos los que dominan el mundo con su poder están locos.

Si os sirve de consuelo, yo vengo tocada de fábrica; personalmente, dos rasgos fundamentales han marcado mi vida: la Hipersensibilidad Emocional (HSE) y la Personalidad Altamente Sensible (PAS). No me extenderé en lo que significan estos dos rasgos de personalidad, salvo para explicaros que cuando se superponen eres una montaña rusa emocional muy difícil de gestionar; todo te afecta hasta el punto de bloquearte, y eres mucho más vulnerable a abusos como el acoso escolar y otros que, por supuesto, yo he sufrido. Pero no os pongáis tristes, esto también tiene su parte positiva: ahora puedo decir que sin estos dos rasgos no podría ser la artista y actriz que soy, y que la búsqueda vital de conocimiento personal durante estos años, porque no me quedaba otra, ha hecho que lo que antes eran debilidades se convirtieran en mis mejores virtudes.

Pero todo esto solo se consigue diciendo «ehhhhh, creo que necesito ayuda y quiero entenderme», y no hay que avergonzarse porque es lo más natural del mundo, además de una responsabilidad contigo misma. ¡Y a los miedos y tabúes absurdos con los que nos han estado incordiando, que les den! Yo, después de años de trabajo personal y terapia, no solo me conozco y me gestiono, sino que he adquirido herramientas imprescindibles para mi trabajo como actriz y directora. Por ejemplo, mucha gente me pregunta por la dificultad de mi personaje, Elena Blanco, en la saga de LA NOVIA GITANA de Atresplayer (por cierto, si no la has visto, ya estás tardando, que cuesta lo mismo que un café). La gente me dice «guaaaauuu, cuánto has tenido que sufrir para meterte en esta mujer…», y… no, la realidad es otra. Sí, hay momentos duros, lógicamente, pero gracias a herramientas como el «eneagrama (tipos de personalidad)» puedo construir un esqueleto personal distinto del mío para encarnar a los personajes, y en este caso Elena Blanco es un eneagrama 5 y se caracteriza por estar siempre en la cabeza, el pensamiento, el conocimiento y el poder mental, por lo que casi nunca entra en sus emociones; solo ocurre esto último en momentos clave de la serie, donde entra en toda la emoción reprimida, se le va la cabeza y es capaz de matar a alguien. ¿Qué me ocurre a mí, la actriz? Pues que, en mi caso, al ser todo emoción y transitar durante muchas horas al día una personalidad que me obliga a no estar en esa emoción sino en el poder mental, la superioridad y el control, provoca un efecto muy positivo en mí, ya que descansar de las emociones es maravilloso cuando eres hipersensible, jejejeje.

En resumen, ir a terapia debería ser como ir al médico de cabecera, al gimnasio o al dentista, y estamos en un momento de la historia en el que debemos unirnos como pueblo:

Quememos toda nuestra ignorancia y nuestros miedos en estas Fallas. Abracémonos y abrámonos al entendimiento de los seres humanos que nos rodean desde el amor y la comunicación (aunque a veces sea difícil). Formemos comunidades fuertes que luchen por sí mismas y seamos conscientes de que juntos somos más fuertes. Nos han dicho que no, nos lo han quemado a fuego, nos han dividido…, porque no les interesa nuestra unión, porque juntos somos los MÁS FUERTES, y esa fuerza no se puede controlar ni dominar… Todo mi amor, mi aliento y mi admiración al pueblo valenciano. Os quiero.

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