Volver al blog 5 de marzo de 2016 · Por Teresa Aparicio Matallín

Intento de dar en dos hojas una visión objetiva de las fallas

Intento de dar en dos hojas una visión objetiva de las fallas

Intento de dar en dos hojas una visión objetiva de las fallas.

Es difícil mantener una visión puramente objetiva de lo que significan las fallas cuando se sienten de una manera especial; pero si nos atenemos a los requisitos que establece la UNESCO para que sean declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es evidente que los cumple y además los sobrepasa.

Las fallas son tradición y expresión viva que nos ha sido transmitida de generación en generación, con actos sociales y festivos bien arraigados y saberes y técnicas vinculadas a la artesanía tradicional, ya que nuestros artistas se forman a pie de taller, reforzados ahora por la creación de estudios específicos: el ciclo formativo de artista fallero. Y si preguntáis a cualquiera de ellos os hablarán con gran estima y respeto de aquel artista que les transmitió sus conocimientos para continuar con este peculiar oficio.

Las fallas son tradición, pero también son innovadoras y contemporáneas.

El eje central de la fiesta es el monumento. Cada diecinueve de marzo, los falleros cerramos un ciclo, quemando todo lo viejo y volvemos a empezar otro con el encargo al artista del próximo monumento que quemaremos el año siguiente. Año tras año, los artistas investigan nuevos materiales incorporándolos a la falla y nuevas maneras de trabajar gracias a la evolución de la tecnología.

Las fallas son integradoras. Fomentan la cohesión social, crean un sentimiento de identidad que contribuye a infundir un sentimiento de unión y a compartir nuestras tradiciones con todo aquel que quiera acercarse a ellas.

Las fallas son representativas de un modo de vida, de un pueblo, y son la manifestación de su cultura, de sus raíces y de su sentir. Los falleros recrean la indumentaria tradicional de la zona de siglos pasados en sus actos y fomentan el uso de la lengua valenciana, mantienen viva la música tradicional y utilizan la pólvora para lo único que debería usarse, para celebrar acontecimientos.

Las fallas son reconocidas por todas aquellas personas que las crean, mantienen y transmiten. Son parte de su patrimonio.

Las fallas no son solamente fallas, son también todo aquello que las rodea y que contribuye a engrandecer todavía más nuestra fiesta y expresión viva de nuestro pueblo. Son luz, color, pólvora, indumentaria, música, alegría, trabajo, arte, sentimiento, solidaridad… Las fallas contribuyen a hacer cada vez un poquito mejor la sociedad en la que vivimos, comprometiéndose con ella y sus problemas.

Dan trabajo a multitud de colectivos y enseñan una manera de vida sana y participativa a los jóvenes. Además, en torno a esta fiesta hay actos deportivos, culturales y artísticos durante todo el año fallero.

La verdad es que es difícil explicar en dos hojas por qué deberían ser las fallas reconocidas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y más difícil todavía tener una visión objetiva de un sentimiento, del sentir de un pueblo.

Pero si queréis conocer los motivos realmente, la mejor manera de hacerlo es vivirlas, adentrarse en este mundo abierto a todos y, sobre todo, tener bien claro que si entráis, puede que nunca queráis salir.

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